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Procesionaria del pino


 

El ciclo biológico natural de la conocida oruga o gusano de la procesionaria (Thaumetopoea pityocampa), cuyos bolsones de seda destacan entre las ramas tiernas de pinos y cedros, ocurre entre febrero y abril, pudiendo adelantarse debido a temperaturas elevadas de inviernos suaves, como está ocurriendo en los últimos años en nuestra localidad.

A pesar de la mala fama que profesan estas orugas, debida a la exfoliación de los árboles que habitan y a su condición urticante a partir de cierto estadio de su crecimiento, resulta que no es en absoluto una plaga forestal, sino una especie de sumo beneficio medioambiental, ya que su presencia nitrogena el suelo y lo nutre, compensando la acidez que desprende el pino, y que impide el crecimiento de vegetación alrededor de la base del árbol.

Esta oruga no mata el arbolado, como se ha considerado a veces por desconocimiento, ya que las acículas que ingiere, de difícil descomposición sin la existencia del gusano, rebrotan sin problema en beneficio del conjunto.

En cuanto a su estadio urticante, para evitar las reacciones es suficiente con no tocar la oruga durante su breve descenso al suelo para enterrarse y realizar su metamorfosis en mariposa, teniendo especial cuidado con los niños y los animales domésticos, evitando el contacto directo. Las procesiones de descenso para enterrarse y crisalizar sólo duran 15 o 20 días, suelen ser simultáneas y ocurren por lo general entre febrero y abril.

No obstante, al tener una consecuencia de salud pública prioritaria en zonas urbanas, existen unos tratamientos terapéuticos que evitan la proliferación de la especie y que se pueden consultar en los documentos accesibles adjuntos en esta misma página.